miércoles, 9 de noviembre de 2011

MAÑANA ES LA UNICA UTOPIA”




Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo…

¡Qué importa eso!.

Tengo la edad que quiero y siento.

La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.

Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.

Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la

convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!.

No quiero pensar en ello.

Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo

que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer

lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos

y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero

con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos,

y las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa

de consumirse en el fuego de una pasión deseada.

Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues

mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por

el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… valen mucho más que eso.

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!.

Lo que importa es la edad que siento.

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!.

Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.

JOSE SARAMAGO
Premio Nobel Literatura 1998

domingo, 6 de noviembre de 2011

HAGAMOS UN TRATO




Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo

MARIO BENEDETTI

lunes, 24 de octubre de 2011

Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?




Que uno tiene que buscarlo y dárselo...
Que nadie establece normas, salvo la vida...
Que la vida sin ciertas "normas" pierde forma...
Que la forma no se pierde con "abrirnos"...
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente...
Que no está prohibido amar...
Que también se puede odiar...
Que la agresión porque sí, hiere mucho...
Que las heridas se cierran...
Que las puertas no deben cerrarse...
Que la mayor puerta es el afecto...
Que los afectos, nos definen...
Que definirse no es remar contra la corriente...
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja...
Que negar palabras, es abrir distancias...
Que encontrarse es muy hermoso...
Que el Sexo forma parte de lo hermoso de la vida...
Que la vida parte del Sexo...
Que el por qué de los niños, tiene su porqué...
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad...
Que saber todo de todos, es curiosidad malsana...
Que nunca está de más agradecer...
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo...
Que nadie quiere estar solo...
Que para no estar solo hay que dar...
Que para dar, debemos recibir antes...
Que para que nos den también hay que saber pedir...
Que saber pedir no es regalarse...
Que regalarse en definitiva no es quererse...
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos...
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo...
Que ayudar es poder alentar y apoyar...
Que adular no es apoyar...
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara...
Que las cosas cara a cara son honestas...
Que nadie es honesto porque no robe...
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo...
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte...
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente...
Que con los oídos se escucha...
Que cuesta ser sensible y no herirse...
Que herirse no es desangrarse...
Que para no ser heridos levantamos muros...
Que sería mejor construir puentes...
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve...
Que volver no implica retroceder...
Que retroceder también puede ser Avanzar...
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del Sol...

Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?


MARIO BENEDETTI

lunes, 10 de octubre de 2011

ELLA (así era mi abuela)



Vivía de sus arrebatos... como el de aquel día... el de subir a un colectivo... primera vez en Buenos Aires. Le encantaba Lily Pons... y decidió que aquellos pasajeros estaban demasiado calmos... siendo tan pocos, aterrorizaba congeniar sus realidades.

Fue para mi, conmoción interior... inmovilidad que conquistó el arte de vencer el abandono de tener que recurrir a la ob ...ediencia. Sí... ya lo sé... menuda sinvergüenza era yo... con los ojos enhebraba la inocencia del mundo, descubriendo que la vida es una comedia... calamitosa.

Hablábamos "hasta por los codos", enfebrecida por salirme con la mía, razón de sus enojos y nobleza siciliana... porque había que hacerlo todo sin chistar.

Nos sentamos en el fondo... todos estaban sentados. Ella y yo nos ubicamos en dos lugares contigüos, justo en el medio. Mi madre y mi hermano en uno de dos... teníamos cuatro y cinco años... yo, la mayor.
De qué valía elucubrar en los misterios de Dios si en aquel momento me estaba divirtiendo y los pasajeros se miraban empeñados en creer que estaba loca...
... igual que mi madre, incrustándole los ojos, circunspecta.
Le encantaba la ópera, llenaba su alma y me dijo, después de entonar algún acorde..."que gente tan aburrida... y a tu madre... ni me la nombres... no parece hija mía..."

Era traviesa, mi abuela... nuestras buenas peleas hemos tenido... como dice una tía mía... no hemos podido dejar de querernos porque somos parte de un mismo átomo.
Replicó, constantemente, mis razones. Ella me quería y yo no me dejaba... MANDAR.
Llegué a pensar que me odiaba y fueron los años quienes partieron la hostia de nuestra comunión...

... me enseñó a amar la poesía...

... finalmente le gané...

... el cariño y la confianza...

... así de fácil...



CARMEN DEL BLANCO

domingo, 9 de octubre de 2011

... soy arquitecto de mi propio destino...




Desde esta realización de los vacíos donde el alma diseña aspectos urbanos, construyo mi vida... Este conjunto de modificaciones y alteraciones que soy, es el proceso de atesorar un cúmulo de interrogantes resolviendo soluciones... como todos... soy arquitecto de mi propio destino...



CARMEN DEL BLANCO

UN DIA, UN REY...




Un día, un Rey preguntó a sus siervos lo siguiente: - ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados? - Los hombres pensaron unos momentos: - ... Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos. - Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona es...tá a tu lado? -preguntó El rey- ¿ No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado? Los hombres dieron algu ...nas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al Rey. Finalmente él explicó: - Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, y así lograr escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia. Luego el Rey preguntó: - ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña. - El Rey continuó -Cuando se enamoran más aún, qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman. Luego El Rey dijo: - "Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien mas, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontraran más el camino de regreso."

Qué quiere realmente la mujer?




En un día luminoso, el joven Rey Arturo fue sorprendido y apresado por el monarca del reino vecino mientras cazaba furtivamente en sus bosques. El rey pudo haberlo matado en el acto, pues tal era el castigo para quienes violaban las leyes de la propiedad, pero se conmovió ante la juventud y la simpatía de Arturo y le ofreció la libertad, siempre y cuando en el plazo de un año encontrara la respuesta a una pregunta dificil.



La pregunta era: Qué quiere realmente la mujer?



Semejante pregunta dejaría perplejo hasta al hombre más sabio y al joven Arturo le pareció imposible contestarla. Aún así, aquello era mejor que morir ahorcado, de modo que regresó a su reino y empezó a interrogar a la gente.



Le hizo la pregunta a la princesa, a la reina, a las prostitutas, a los monjes, a los sabios y hasta al bufón de la corte... En suma, a todos, pero nadie le pudo dar una respuesta convincente. Eso sí, todos le aconsejaron que consultara a la vieja bruja, pues sólo ella sabría la respuesta. El precio sería alto, ya que la vieja bruja era famosa en todo el reino por el precio exorbitante que cobraba por sus servicios.



Llegó el último día del año convenido y Arturo no tuvo más remedio que consultar a la hechicera. Ella accedió a darle una respuesta satisfactoria, pero la condición era... que primero aceptara el precio!



Ella quería casarse con Gawain, el caballero más noble de la Mesa Redonda y el más íntimo amigo de Arturo. El joven Arturo la miró horrorizado: era jorobada y feísima, tenía un solo diente, despedía un hedor que daba náuseas y hacía ruidos obscenos. Nunca se había topado con una criatura tan repugnante.



El joven rey se acobardó ante la perspectiva de pedirle a su amigo de toda la vida que asumiera por él esa carga terrible. No obstante, al enterarse del pacto propuesto, Gawain afirmó que no era un sacrificio excesivo a cambio de la vida de su compañero y la preservación de la Mesa Redonda.



Así no quedó otro remedio que anunciar la boda y la vieja bruja, con su sabiduría infernal, dijo: "Lo que realmente quiere una mujer es: ser la soberana de su propia vida."



Todos supieron al instante que la hechicera había dicho una gran verdad y que el Rey Arturo estaría a salvo. Y así fue: al oir la respuesta, el monarca vecino le devolvió su libertad.



Pero menuda boda fue aquella!... Asistió la corte en pleno y nadie se sintión más desgarrado entre el alivio y la angustia, que el propio Arturo. Mientras Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso, la vieja bruja hizo gala de sus peores modales, engulló la comida directamente del plato sin usar los cubiertos y por si fuera poco, emitió ruidos y olores espantosos.



Luego llegó la noche de bodas. Cuando Gawain, ya preparado para ir al lecho nupcial, aguardaba a que su esposa se reuniera con él, ella apareció con el aspecto de la doncella más hermosa que un hombre desearía ver...



Gawin quedó estupefacto y le preguntó qué había sucedido. La joven respondió que como había sido cortés con ella, la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible y la otra mitad con su aspecto atractivo... Cuál prefería para el día y cuál para la noche?



Qué pregunta tan cruel... Gawain se apresuró a hacer cálculos... Quería tener durante el día a una joven adorable para exhibirla ante sus amigos y por las noches en la privacidad de su alcoba a una bruja espantosa? O Prefería tener de día a una bruja y a una joven hermosa en los momentos íntimos de su vida conyugal?



Entonces el noble Gawain entendió y le replicó que la dejaría elegir por sí misma.



Al oir esto, ella le anunció que sería una hermosa dama de día y de noche porque él la había respetado y le había permitido ser la dueña de su vida...



Un cuento que pertenece a Talismanes

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